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A MODO DE REFLEXIÓN SOBRE LA LITERATURA INFANTIL

La Literatura Infantil

Hay que ver qué cantidad de escritores y de libros para niños y jóvenes. Das una patada a una piedra y debajo de ella te salen como rosquillas. Debe ser un buen negocio eso de escribir para la gente menuda. Como su criterio no suele ser tenido en cuenta, se les hace leer cada bodrio que da vergüenza. Lo único que preocupa a estos mercenarios de la pluma (bueno, ahora se debe decir “del programa de tratamiento de textos”) es que su libro para niños y niñas sea seleccionado por una editorial escolar que se encargue de su distribución. Lo demás no tiene ninguna importancia. Se hace literatura infantil de la misma manera que se hacen cartillas para aprender a leer.
Las situaciones más absurdas y disparatadas, los mundos más ininteligibles, los personajes más grotescos, se encuentran en los libros infantiles. Y todo ello apelando a la fantasía de los pequeños. Como si los niños y niñas viviesen continuamente fuera de la realidad, en un mundo fantástico. Como si fuesen incapaces de asimilar la realidad del mundo que les ha tocado vivir.
De la misma manera que las cartillas de lectura pretenden enseñar a leer con un lenguaje totalmente falto de contenido, sin emoción y fuera de la realidad de niños y niñas, la literatura infantil está, casi toda ella, invadida de una superficialidad, de un simplismo intelectual y de un sentido comercial, que la convierten en un producto abominable.
Las cartillas de lectura no enseñan a leer sino a descodificar (y, en algunos casos, ni eso); la literatura infantil aleja a los alumnos y alumnas de las emociones y de los placeres de la verdadera creación literaria.
Recomendamos el artículo titulado “La tiranía del marketing literario” de Adolfo Torrecilla, aparecido en la revista Alacena, número 30 (primavera de 1998), como un ejemplo muy aleccionador sobre los caminos actuales de la literatura en general y de la literatura infantil en particular.
Los profesionales de la enseñanza tenemos la obligación de ser selectivos, de no dejarnos influir por la comodidad del libro ofrecido como maná por los representantes comerciales de las editoriales. Pidamos consejo a los compañeros y compañeras para elegir los libros que han de leer nuestros alumnos y alumnas (algunos de ellos, como Mariano Coronas, llevan años dedicados al estudio y selección de los mejores libros infantiles) y, sobre todo, seamos nosotros mismos lectores para poder seleccionar con conocimiento de causa.
Todo ello sin olvidar que los mejores libros de literatura infantil son aquellos que están escritos por los propios alumnos y alumnas, de la misma manera que las mejores cartillas para aprender a leer son aquellas cuyo contenido está formado por las frases y los textos de los propios niños y niñas.
Finalmente, otra manera de acertar en la elección de los libros que han de leer los niños y jóvenes, consiste en acercarse a los grandes escritores. Todos ellos tienen uno o varios libros que, sin ser escritos para que los lean exclusivamente los pequeños, son perfectamente entendibles y adecuados para ellos. Y si no, abramos esa joya de la literatura que es “Platero y yo”, de Juan Ramón Jiménez, y leamos lo que el autor dice al respecto en el prologuillo: “Yo nunca he escrito ni escribiré nada para niños, porque creo que el niño puede leer los libros que lee el hombre, con determinadas excepciones que a todos se le ocurren”.

 Sebastián Gertrúdix

1 comentario

ismael 5ºb -

Hola como estais os hecho mucho mucho de menos espero que me escribais os espero adios un beso a todo el colegio.